Roma, 31 de mayo del 2019: Al final de la guerra entre Estados Unidos y Vietnam se produjo un éxodo de dos millones de vietnamitas que huían de su devastada nación. Casi un millón de personas intentaron huir por mar, con innumerables inocentes víctimas de las tormentas, el hambre y los piratas.

Entre 1975 y 1995, casi 800.000 refugiados hicieron tierra en Hong Kong, Filipinas, Singapur, Tailandia, Indonesia y Malasia, pero su llegada no era sino el comienzo de una larga saga que tomó el nombre de los “Boat People”. Ya traumatizados por los horrores de la guerra en su país de origen, los refugiados vietnamitas se enfrentaban a un destino incierto puesto que su porvenir era negociado por países que se desentendían de los refugiados. Con cientos de miles de refugiados malviviendo en campamentos, el éxodo se convirtió en una crisis humanitaria que duró más de dos décadas.

Horrorizado por la triste suerte de estos “boat people” vietnamitas, el P. General jesuita, Pedro Arrupe, alertó a los miembros de su orden, que entonces eran más de 27.000, y fundó una obra para ofrecer ayuda directa a los refugiados. Quería una organización que no sólo ofreciera ayuda inmediata, como alimentos de emergencia, alojamiento y atención sanitaria, sino también servicios a más largo plazo, por ejemplo educación, capacitación laboral, asistencia psicológica y ayuda y acompañamiento jurídicos. El P. Arrupe ideó un servicio que se extendiera por todo el mundo y actuara en respuesta rápida a los desastres humanitarios, al mismo tiempo que continuaba ayudando a otros beneficiarios largo tiempo cuando ya se había extinguido la atención de los medios de comunicación.

Ése fue el nacimiento del Servicio Jesuita a Refugiados.

Fundado hace casi 40 años, hoy en día el JRS sigue respondiendo a crisis humanitarias en África, América Latina y Central, el sudeste de Europa y Oriente Medio. La misión del JRS es acompañar a los perseguidos a causa de su raza, su religión o su clase social, y también a los desplazados por conflictos, desastres naturales o desgobierno. El personal del JRS actúa en campos de refugiados, centros de detención, zonas de guerra, instituciones para refugiados urbanos y dondequiera que se encuentren personas privadas de sus derechos humanos básicos.

El 24 de mayo de 2019, el P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, renovó el compromiso jesuita con el JRS como obra de la Compañía. En una carta pública, el P. Sosa reiteró no sólo el apoyo que el JRS ha recibido de sus antecesores Superiores y de las últimas Congregaciones Generales, sino que también hizo un llamamiento a la Compañía de Jesús en general para que “ponga en práctica plenamente su visión de un mundo en el que los refugiados obtengan protección, acceso a oportunidades dignas y participen plenamente en las esferas social, política y económica en las que se encuentran”.

El apoyo al JRS no ha hecho sino crecer gracias a las “Preferencias Apostólicas Universales” de la Compañía de Jesús que se publicaron el pasado mes de febrero. Como el P. Sosa lo señala, en esas ‘PAUs’, resultado de más de un año de discernimiento comunitario y entregadas a la Compañía de Jesús como misión directa por parte del Papa Francisco, se identifican cuatro “acentos” para los ministerios de la Compañía en los próximos 10 años, y uno de los cuatro es “Caminar con los excluidos”. Con esta carta del General, se puede decir que los jesuitas del siglo XXI quedan bien orientados para perpetuar la acción positiva iniciada por la Compañía del pasado.


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