Tapachula, 12 de diciembre del 2018: Lo cotidiano que tristemente se convierte en lo normal, hablando de las desgarradoras historias que día con día cruzan el rio Suchiate ubicado en el estado de Chiapas, se vio interrumpido con los rumores que anunciaban la llegada de lo que en un primer momento se llamó “grupos”, los que con cada alma que se sumó en el trayecto de mas de 1000km que separan Honduras de México se convirtió en “la caravana”, y así hasta tomar el calificativo que más le describe “el éxodo”.

Como organizaciones de la sociedad civil y defensoras de derechos humanos nos convocamos a lo inesperado, pero en la clara misión de estar ahí, como fuera, para lo que se pudiera.

Las áreas legales y psicosociales desde las cuales se da una respuesta que trasciende los esquemas tradicionales de acompañamiento a personas solicitantes de refugio extendieron sus horarios y sus espacios para estar, para informar, para servir, tras las extenuantes jornadas de trabajo aliviaba pensar que de alguna forma ayudábamos a mitigar la desesperación e incertidumbre de las personas migrantes.

Los equipos de monitoreo concebidos con la premura de la emergencia, tenían escasos minutos de viaje sobre la carretera Tapachula-Ciudad Hidalgo para conocerse, sin embargo pronto coordinaban como si llevaran años trabajando juntos.

No sin estragos pasaron las caravanas, los rostros de aquellas mujeres y hombres, niñas y niños, jóvenes y mayores, el sonido de los llantos y las sirenas, las consignas que buscaban elevar los ánimos, el aroma que despide el cuerpo tras cruzar tres fronteras a pie; todo se guarda en la memoria de los que acompañamos el éxodo, no pocos rompimos en llanto ante tal vivencia, la que sin duda nos acompañará siempre. 

La escenografía montada por los operativos policiaco-militares con anuencia y complicidad de los organismos defensores de derechos humanos rompen nuestra semiesfera del mundo civilizado cuando se advierte que del otro lado de aquella cerca metálica, ahí sobre el puente, se apretaban los cuerpos  hasta asfixiarse. 

Quienes estuvimos a la orilla del Suchiate difícilmente olvidaremos lo ocurrido aquel día donde el agua separaba los cuerpos pero no los cantos, los que se fundían en algún punto de aquel rio crecido. Ni el rugir del caudal opacó los “si se puede”,  los “el pueblo unido jamás será vencido”, sin animo de dramatizar, a la llegada del éxodo un rayo cayó del lado mexicano, al que le siguieron muchos más hasta que finalmente cayó la lluvia, “Tu bandera es un lampo de cielo”, coreaban de ambos lados, momentos como ese solo se ven en películas salvo que este era real.


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