Bogotá, 30 de noviembre del 2018: Las obras de la Compañía de Jesús que somos parte de la RJM, nodo andino, por medio del  intercambio de nuestras experiencias y miradas de las dinámicas de refugio, desplazamiento y migración forzada en los Estados de Colombia, Venezuela y Ecuador, encontramos un contexto social, económico y político injusto, violento y desigual que genera violaciones de derechos de la mayoría de la población, la pone en riesgo y provoca una crisis migratoria en la región que incrementa su complejidad, realidad que nos reta y desafía.

Hemos identificado oportunidades para innovar y fortalecer nuestro trabajo de acompañamiento y defensa desde lo local, en una estrategia de red transnacional que se adecúa a las dinámicas de los flujos migratorios. 

El ejercicio de análisis del contexto actual de la región, nos ha mostrado que en este momento nos enfrentamos a una situación marcada por una diversidad de flujos migratorios caracterizados  principalmente por el sentido forzado de los mismos, y por la vulnerabilidad en la que se encuentran la mayoría de la población que migra.

En los últimos años la migración forzada desde Venezuela, generada por el incremento de su crisis política y económica, se ha convertido en el principal flujo en la región, obligándonos a prestar especial atención y adaptar nuestra respuesta. Según cifras recientes de la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), hay alrededor de 3 millones de venezolanos que han salido de su país, de los cuales 2.4 millones se encuentran en América Latina y 600 mil en el resto del planeta. Diversas fuentes y nuestras propias estimaciones nos llevan a pensar que el número de migrantes venezolanos supera ya los 4 millones de manera holgada. Los 3 principales destinos de esta población son: Colombia con más de un millón, Perú con alrededor de 500.000 y Ecuador aproximadamente 220.000 personas. 

Pese a los avances en materia de acciones para superar el conflicto colombiano, que ha dejado más de 8 millones de desplazados internos y transfronterizos, la cifra sigue en aumento debido los actores armados ilegales que persisten en su confrontación por el poder y los recursos territorios donde habitan comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Escenario que es muy preocupante y merece nuestra atención y acción, identificamos un riesgo de invisibilización de esta situación que impida una respuesta adecuada por parte de las autoridades públicas. 

En el caso de Ecuador , que ya acogía a una numerosa población migrante forzada colombiana, se ha convertido también en un país de tránsito y destino para la creciente migración forzada venezolana, se han contabilizado ya alrededor de 3.000 solicitudes de refugio y más de 9.000 de residencia.

En este contexto, la movilidad humana presenta desafíos que son interdependientes y que  requieren que la RJM anime un mayor esfuerzo gubernamental y de sociedad civil, para responder por medio de la articulación y el trabajo mancomunado con las instituciones, a las necesidades de migrantes, desplazados y refugiados en la región. Las reuniones intergubernamentales de Quito (1 y 2) si bien han supuesto un avance en la ubicación en la agenda política de la dinámica de la migración forzada, están lejos de ofrecer planteamientos concretos para el efectivo ejercicio de derechos vinculados a la movilidad humana y al asilo de los y las migrantes forzadas y las personas con necesidad de protección internacional, no eliminan las dificultades crecientes derivadas de las políticas restrictivas hacia estas poblaciones, ni abordan de manera adecuada el análisis de las causas de la migración forzada, posibilitando un cambio más profundo y duradero.

Ante este panorama identificamos 3 grandes retos como red en el nodo andino:  

  1. Crecer desde una cultura de hospitalidad.  La hospitalidad como expresión humana y profundamente latinoamericana, conforma mayoritariamente la respuesta que encontramos en los caminos, pueblos y ciudades de nuestra región, pero lamentablemente es una riqueza que nuestros gobiernos no la apropian siempre. Tenemos el llamado de reconocerla,  reconocernos en ella,  cuidarla y a la vez promoverla. 

  2. Realizar un análisis profundo de las causas  y los causantes de la migración. América Latina ha sido un continente con muchos conflictos y violencias aún vigentes, que se traducen en migraciones forzadas que se convierten en éxodos. Somos una región que está en huida, que escapa de la violación de los derechos humanos, flagelo que sufren sobre todo de las personas más vulnerables. Encontramos diversos tipos de muros, no solo los de concreto sino también los que se componen de las restricciones y prejuicios, que producen daño a la población migrante. Por ello debemos tener en cuenta todos los efectos adversos de la migración y acompañar la defensa de los derechos de estas personas en el camino y en el lugar destino, en procura de mirar lo que está pasando actualmente en el contexto, pero también lo que pueda suceder a futuro. La mayor fortaleza que tenemos como red, es la diversidad de saberes y experiencias que nos pone adelante una responsabilidad. 

  3. Afrontar las restricciones gubernamentales de cada país a la libre movilidad. Implica comprender las necesidades de las personas que se ven forzadas a salir de su país, muchas veces por amplias disposiciones burocráticas que las exponen a todo tipo de riesgos, obstáculos legales, el reclutamiento por grupos armado al margen de la ley, trata de personas, entre otros peligros que pueden atentar contra su integridad, por tanto la Red debe personalizar su acompañamiento, atendiendo todas estas necesidades desde la defensa a la dignidad humana y la exigencia de sus derechos humanos. 

Finalmente creemos que desde los gobiernos, principales responsables de la garantía y goce efectivo de los derechos fundamentales, se deben generar acciones coherentes con su responsabilidad y con la dimensión de las problemáticas y retos que afrontamos. Problemáticas que no reconocen fronteras y por lo tanto deben tener un enfoque integral, donde la justicia, la reconciliación, la solidaridad y la fraternidad deben ser el camino para la colaboración mutua. Es allí donde la RJM debe apoyar un trabajo de incidencia de la mano con la población para que las autoridades respondan ante estas demandas sociales. 

Como RJM queremos hacer un llamado para construir puentes en vez de muros, a trabajar desde la empatía y la hospitalidad que reconocemos y celebramos especialmente en las comunidades populares, dejando a un lado la xenofobia, cultivando el amor en los corazones, generando espacios de reconocimiento desde nuestra dignidad humana, exigiendo el respeto y garantía de los derechos, en busca de justicia social, sin hacer distinciones de nacionalidad, raza, etnia, sexo y religión o cualquier diferencia que nos separe como hermanos y hermanas.


Para ver los firmantes mira el documento AQUÍ



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