Ciudad de México, 28 de noviembre del 2018: El estadio estaba casi lleno, aunque no había partido. En lugar de aficionados, deportistas o árbitros, había cobijas colgadas en los barandales de las gradas, gente dormida en bolsas de dormir o entre cobijas acostadas sobre el cemento del que están hechos los asientos.

Abajo, en el campo de juego, personas hondureñas, guatemaltecas y salvadoreñas deambulaban, algunas nerviosas, otras animadas. Adolescentes y niños jugaban con un balón de fútbol a los pases mientras adultos los veían a lo lejos.

Mauricio, hondureño de 24 años, se encontraba entre estas personas. Salió de Honduras por la falta de empleo y la pobreza. Piensa que las cosas en su país siempre han sido difíciles, pero que trabajando con esfuerzo se podía salir adelante. Las cosas empeoraron- según él- con la llegada al poder de Juan Orlando Hernández el 27 de enero de 2017. Lo define como un autoritario y describe sus decisiones económicas como el principal motivo del éxodo hondureño.

Aceptaría cualquier trabajo, ya sea en México o Estados Unidos, mientras el empleo sea digno. Para él un trabajo digno es un trabajo honrado.

Mauricio salió de honduras hace 30 días, parte del trayecto ha sido a pie, otras partes con aventones en tráileres. Dejó a sus hermanos y a su madre atrás: “fue muy difícil porque yo nunca había estado lejos de mi familia, por esa parte fue muy complicado… bueno me hacen un chingo de falta. Pero yo voy con una meta y quiero cumplirla”.

El cruce por la frontera sur fue tranquilo, pero cuenta que cuando estaban en  el puente para entrar a Ciudad Hidalgo (en Chiapas) estuvieron tres días y tres noches tirados en el puente, pues no los dejaban entrar a la ciudad. ”La gente estaba molesta y rompió los portones, la policía mexicana puso orden y empezó a tirar bombas”.

Es su segundo intento de llegar a Estados Unidos. En el primero llegó hasta Tabasco, ahí lo detuvo la policía migratoria y lo deportó. 

Tras hablar con Mauricio me encontré a Ricardo, quien, me contó, decidió salir de Colón, Honduras, hace 28 días, por la falta de trabajo, oportunidades y violencia que se vive en el país. En Honduras los trabajos son para las personas que obtuvieron una buena educación o que tienen estudios ‘grandes’. Porque hasta para pagar un kilo de azúcar, se ha vuelto complicado, teniendo trabajos donde se pagan 500 o 600 pesos la semana, a uno no le alcanza para vivir, ni mucho menos para alimentar a su familia o cuidar a sus hijos. “Queremos tener y enviar algo a nuestra familia que también pasan por los impuestos de las pandillas; si no les pagas, ellos vienen a buscarte y te pueden matar”.

Ricardo lleva cuatro días en la ciudad de México y no ha abandonado el estadio por cuestiones de seguridad. “Si sales de aquí estás en tu cuenta, al menos aquí entre todos nos protegemos y nada malo pasa”. Su trayecto todavía sigue, la próxima parada es Nuevo León, ya más cerca con la frontera.

En las instalaciones de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca, hay un albergue temporal conformado decenas de carpas desde donde dan comida, medicamentos y asesoría legal a los integrantes de la caravana. La gente duerme en el pasto de las áreas verdes, dentro del estadio ya sea en gradas o el campo de juego. Los que no están siendo atendidos o alimentados, caminan o juegan. A algunos se les ve cansados, con la mirada baja. A otros se les ve esperanzados al ver la ayuda que reciben.

Ya  tiene un mes que Emerson salió de Guatemala. Migró para ayudar  a su madre a salir adelante: “nosotros nunca contamos con papá, sólo con nuestra mamá, ella  siempre nos sacó adelante, yo ya tengo 21 años. Estamos muy incómodos con lo que es el dinero. Se dio la oportunidad porque se formó la caravana. Yo tenía que tomar la oportunidad, ella no estuvo de acuerdo. Yo le dije que la quería sacar adelante a ella y mi familia. Ella ya tiene 45 años, ya luchó por nosotros, ahora me toca a mí. “

Aunque su madre le rogó que se quedará él se salió de su casa un día a las dos de la tarde, llegó a Tecún Umán  y se unió a la caravana.

Emerson quiere llegar a Ciudad Juárez, ahí vive un hermano suyo. Quiere esperar ahí a que la atención de Trump y de los medios estadounidenses con las caravanas disminuya o pase y mientras tanto ganar algo de dinero. Sí todo le sale bien, su destino final sería Kentucky, Missouri, donde tiene un primo que les daría asilo y los ayudaría encontrar trabajo.

La caravana, en la que viajan Mauricio, Ricardo y Emerson junto a más de 1500 personas entre hombres, mujeres y niñas y niños, partió de la ciudad de México el 10 de noviembre a las 5:00 horas rumbo a Querétaro para continuar su viaje a Estados Unidos. Hoy, ya se encuentra en Tijuana, desde donde espera a cruzar la frontera norte de México.


Santiago Garcia , Servicio Social en la oficina de Ciudad de México.


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