Un momento del taller de reconciliación realizado en Siberia. Fotografía Paola Córdoba/SJRLAC.

Bogotá 2 de julio de 2014. Aunque solo una vez al año conmemoramos el Día Mundial del Refugiado (Cada 20 de junio), para quienes hacemos vida en el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), este día, es nuestro diario vivir, pues son ellos, los refugiados y refugiadas, desplazados y desplazadas, la población que acompañamos, servimos y defendemos la razón por la que generamos un alto sentido de pertenencia con la misión, que asumimos por opción personal de vida. Son estas las personas que vemos en nuestras mañanas y noches, algunos de los motores que moviliza nuestras acciones, en pro de orientarlos y apoyarlos en la búsqueda de escenarios favorables, fraternos y solidarios en los nuevos contextos donde dan continuidad a su proyecto de vida. Sus alegrías y esperanzas son parte de nuestros logros. los cuales adquieren mayor sentido cuando en sus discursos positivos colmados de sueños y entusiasmo se reitera el mandado que nos dejo el Padre Pedro Arrupe, de estar donde exista mayor necesidad, donde otros no han llegado y donde podamos emprender caminos para llegar a momentos hospitalarios y de reconciliación.

Este año el SJR, en el marco del Día Mundial del Refugiado, impulsó la Campaña “Toma partido por las y los refugiados y desplazados”, junto con la Red Jesuita con Migrantes (RJM) y otras obras hermanas de la Compañía de Jesús, que apoyan nuestra misión en cooperación con los equipos del SJR Venezuela (Alto Apuré, Táchira, Zulia y Oficina Nacional), SJR Colombia (Buenaventura, Cúcuta, Magdalena Medio, Red SJR Colegios y Oficina Nacional), el SJR Panamá (Ciudad de Panamá y Colón) y el SJR Ecuador (Santo Domingo, Tulcán, Esmeraldas, San Lorenzo, Guayaquil, Nueva Loja y Oficina Nacional en Quito). Para esta fecha se desarrollaron varias actividades con el fin de promover acciones conjuntas pensando en dar visibilidad, apertura y fuerza a la defensa por los derechos de la población en situación de refugio y desplazamiento.

Como parte de la semana de ejecución de la campaña en escenarios de acompañamiento, se contó con la posibilidad de vivir una experiencia de trabajo mancomunado en la frontera Colombo – Venezolana, donde los miembros de las oficinas del SJR Cúcuta, SJR Táchira y la Oficina Regional SJR LAC unieron sus conocimientos, experiencias y emociones para compartir con la comunidad de Betania (Venezuela) y Siberia (Colombia) una conmemoración que traería buenas nuevas para los corazones y espíritus de cada uno de los participantes.

En medio de distinciones territoriales y políticas que son reflejadas por un pequeño puente de madera y la caudalosa naciente del río Táchira, históricamente estas comunidades se encuentran unidas por lazos de amistad, solidaridad y hermandad, motivos por el cual esta población ha sido y será ejemplo de una frontera de dialogo, apertura, complicidad y ante todo un escenario posible para vivir en paz. 

Para llegar al territorio que comparten estas dos comunidades existen dos rutas: la primera desde Cúcuta (Norte de Santander, Colombia), la cual se recorre desde la ciudad hasta el municipio de Herrán (4 horas en carro) y luego de Herrán a Siberia (5 horas caminando) puesto que la vía está completamente destruida a causa de la ola invernal del 2009, situación que desde la fecha no ha mejorado frente al incumplimiento de promesas por parte del Gobierno y sus entidades estatales, tan solo el 10% o 5%de la vía se encuentra pavimentada. La segunda ruta es desde San Cristóbal (Capital del Estado Táchira, Venezuela), se transita hacia el municipio de Rubio, luego a Delicias, Villa Páez y finalmente a Betania luego de 4 Horas en carro. El paso fronterizo en estas dos comunidades es de aproximadamente 30 minutos a pie, atravesando de un lado al otro del puente que tiene 2 o 3 metros de distancia, este es el único símbolo de separación entre los ciudadanos de diferentes nacionalidades.

Los habitantes del lugar comparten el esplendor de estar rodeados por el parque binacional El Tamá, el Río Táchira y las majestuosas montañas que cumplen la función de proveer a las familias de pastos fértiles para la producción principalmente de duraznos, fresas, papas y lulos. La inmensa vegetación esta acompañada de un clima que otorga vientos de páramo que con un buen abrigo, algunos dulces para el camino y buena compañía permitió a los participantes caminar hombro a hombro con los adultos mayores hombres, mujeres, adolescentes, niños y niñas que hicieron un recorrido por su historia, buenas prácticas y enseñanzas.

A la llegada del equipo SJR Venezuela y del SJR LAC su primer contacto fue con el equipo del SJR Colombia en Betania, al fondo con una voz cálida y fuerte a la vez, el Señor Perol nos recibía con el eco del megáfono de la iglesia: -¡Bienvenidos amigos del Servicio Jesuita a Refugiados a la comunidad de Betania!-. Luego con mochilas en mano, contando las experiencias del viaje y luego de un recorrido de 30 minutos llegamos a Siberia, conocimos el pequeño puente que une a las comunidades, vimos un Río Táchira fuerte, limpio, con una energía que te contagia para seguir el camino en subida, la cual nos brindaría el panorama general del escenario en el que el equipo compartirá deseos, logos y hasta nacionalidades en pro de una misión binacional, despojándonos de nuestros roles y particularidades y comenzamos a ser un solo SJR. 

Como una familia renovada y colmada de buenas nuevas para vivir los días, nos ubicamos en el nuevo hogar que nos proveería de amor, ternura, entereza y mucha confianza, el lugar destinado fue la vivienda de Doña Miriam y Don Ulpiano, los cuales nos recibieron con la alegría de unos padres que no ven a sus hijos durante un largo tiempo. Tinto y aguamiel listos. Mesa servida para todos. Los niños se presentan: Andrés, Andrea, Jesús, Angie, Sara. Organizamos los equipos de trabajo para el siguiente día, posterior a esto reflexionamos sobre la jornada, en sintonía con las enseñanzas del Padre Elías López. Nos dispusimos a juntar nuestras manos como símbolo de compromiso y seguridad de nuestras futuras acciones. Luego cerramos nuestros ojos y con un Hasta Mañana nos despedimos en medio de una noche cálida y abundante en bellas estrellas en el cielo. 

A la madrugada siendo las 6:30am hora colombiana y 7:00am en Venezuela el equipo en compañía de Andrés y Andrea los hijos mayores de Don Ulpiano, se dispuso a empezar el día dedicados a conocer, escuchar y atender las inquietudes de la comunidad de Betania. Durante la mañana el grupo desarrolló un Taller de Derechos con los maestros de la Institución Educativa, mientras que el equipo de comunicaciones retrataba las voces y anécdotas de los habitantes de este territorio donde predomina el color por la arquitectura y diseño de las viviendas, que protegido por una imponente iglesia y un amplio coliseo permite que el sol se refleje en las sonrisas de los niños, niñas y adultos mayores que abundan en el lugar. 

En la tarde, el Padre Elías López y Miguel Grijalba S.J, emprendieron una aventura de misterio, sorpresas, tesoros y aprendizajes junto con los participantes del Taller de Reconciliación, como resultado la palabra “Frontera” paso de ser un termino técnico a un sentimiento personal y HUMANO, donde cada uno transformo la mirada de las distancias territoriales y culturales en realidades de encuentro y complicidad en pro de un bienestar común, este momento emblemático en el tiempo, brindo la posibilidad a las dos comunidades de fortalecer un puente, en el que las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales de dos patrias fronterizas han intentado destruir, sin lograr su objetivo por la resistencia de la gente que habita en el lugar.

Con el taller tanto venezolanos como colombianos reconocieron que la historia y lo vivido les ha permitido construir  y mantener juntos algo tangible y verdadero que los une y fortalece; parte de las relaciones de amistad y familia se han propagado a lo largo y ancho de la frontera. Para ellos quitarse las caretas y hablar con el corazón, reconocer en el otro a tu hermano, a tu compañero fue el símbolo de recordar los motivos por los cuales sus corazones siempre han vibrado en la misma sintonía… Ese día, juntos re-construimos un puente que ya existe… Un pequeño puente que en realidad está construido con tablas de madera a dos países… A partir de ese día el puente se bautizo como el puente de colores, de la solidaridad, de Betania y Siberia, ese día se le da el nombre al Puente Arcoíris del Tamá, un lugar de colores por que “el puente somos todos y todos somos de colores".

Pasaban la horas y llegaba la noche, que acompañada por oraciones, cantos y agradecimientos cerramos el día con una emotiva ceremonia religiosa donde el espíritu de Dios se encontraba habitando en cada ser vivo que hizo presente en la capilla, al cierre de la eucaristía el equipo y la comunidad fueron testigos del hito para la historia en el que comenzó a escribirse el proceso de dos equipos hermanos con miras a futuro en un territorio por explorar. 

Llega el anhelado 20 de Junio, fecha en la cual se recuerda a las personas en situación de refugio que han recorrido largos caminos, algunos sin senderos, ni salidas para encontrar un lugar de paz y tranquilidad para poder continuar con su proyecto de vida con lo poco que les ha dejado el recuerdo del ayer. El SJR en este punto del mundo impulsa la conmemoración vestida de pinturas, colores, pinceles, brochas, sonrisas, cariño, creatividad y voluntad de los niños, niñas y adolescentes de las dos comunidades que junto con el equipo del SJR realizamos una actividad simbólica de re significación de un puente que no separa sino que une, con la imagen de un oso gigante, la bandera de Colombia y Venezuela, corazones rojos, manos de colores, nombres de los artistas y una gran aurora de color los participantes le dieron una nueva cara al puente, el que ahora llamaremos el Arcoíris del Tamá. Los niños y niñas reflejaron sus gustos y formas de ver la vida en frontera, esperando que ahora quien pase por el puente recuerde que este es tan solo un paso hacia la unión como hermanos, que nacieron en una misma tierra y  la que siempre los recibirá con los brazos abiertos sin importar su nacionalidad. 

Mientras unos pintan el paso de unión, otros recuerdan los motivos que hace de su historia un ejemplo de convivencia y hospitalidad para ser impulsado en las fronteras del mundo. Los adultos mayores junto con algunos de sus hijos y nietos se ponen cita en la Hacienda “El Recuerdo”, recinto  que resguarda la memoria de un pueblo que pese a la adversidad han permanecido con fuerza unidos aun cuando se han tenido que alejar de su tierra y sus sueños por la violencia que opaco el día de la madre en le año de 2001, cuando tres de sus hijos cerraron para siempre sus ojos por proteger a sus comunidades de la oleada de dolor, llanto y violencia; luego de ese día la celebración paso de ser un momento memorable a un recuerdo aterrador del que no se habla por miedo a revivir la nostalgia que retumba en los oídos y opaca los ojos de las familias que abandonaron lo conocido y huyeron. 

Durante el Taller de Memoria Histórica se compartió los temores y debilidades, pero sobre todo se hablo de las fortalezas de un pueblo que se levanto de la cenizas y mantuvo los lazos que los ayudo a volver resistiendo a la violencia que debilito sus cuerpos pero nunca sus espíritus, ese día JUNTOS volvimos a reconstruir el pueblo, revivimos las “fuentes de vida” e hicimos un llamado a reconstruir  los motores de la vida y prolongación de la existencia de una comunidad que luego de 13 años hablo de sus dolores para entender los motivos de su FUERZA.

Con la alegría de Doña Miriam, la sabiduría del Don Ulpiano, Socorro y José, la nuevas caras como Judith que hacen parte de la generación que tomaran la batuta en la comunidad y las sonrisas incansables de Sara e Isabel, se cerró la conmemoración del Día del Refugiado compartiendo un partido de fútbol que culmino con un marcador sin perdedores ni ganadores, solo con golpes cargados de buenas intenciones, grandes alegrías, cumulo de motivaciones y buenas nuevas para una comunidad que resalta por ser ejemplo de lucha, constancia y fraternidad entre hermanos latinoamericanos. Luego cada equipo se despidió de sus pares y emprendió el regreso a sus hogares y países de nacimiento.

Para el Equipo SJR que acompañó esta jornada, la posibilidad de compartir con las comunidades es un hecho único. En esta oportunidad fuimos cobijados por las montañas de Betania y Siberia y como en el diario vivir hemos sido recibidos con las mejores sonrisas y abrazos en cada hogar que visitamos, en cada recorrido se deja una parte de nosotros y de nuestra misión. Desde siempre, hace una semana, el 20 de Junio y todos los días “Tomamos partido por las y los refugiados y desplazados”. Nos despedimos del Puente del Arcoiris del Tamá, luego de una prolongada despedida regresamos a casa y a las oficinas renovados de espíritu, con un compromiso que reafirmamos cada día y cada 20 de junio, “Ante todo Amar y Servir”, caminar al lado de quienes lo dejan todo, pero que toman la ruta de la esperanza, se acompañan de sus ganas de vivir, y llegan a un nuevo lugar en búsqueda de hospitalidad.

Ellos nos contagian con su esperanza, con su lucha, con su fortaleza. Ellos y ellas… Refugiados, refugiadas, desplazados, desplazadas, “Héroes y heroínas de sus propias historias” y también de las nuestras. Héroes y heroínas, que en algún momento de la vida estuvieron adoloridos, solitarios al haber perdió la confianza en el “otro”, sueñan ahora juntos un poco por todos y todas, se levantaron dejando la “desventura” individual convirtiéndose, poco a poco, en intérpretes y salvadores del destino colectivo de su Siberia y su Betania, de su territorio binacional lleno de sonrisas, luchas, alegrías, tristezas, pero siempre, lleno de esperanzas para seguir.

Para el equipo que participamos en la misión Siberia y Betania siempre será parte de la vida de una institución , se demuestra que estar donde otros no esta, es poder vivir en primer plano la calidad de humana de nuestros pueblos y compartir sus luchas con la fortaleza que nos enseñan a cultivar la fe en cada experiencia vivida.


Equipo Bi-fronterizo (SJR Colombia, SJR Venezuela y SJR LAC).


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