Bogotá, 10 de enero del 2018: La pasada congregación general de los jesuitas (C. G. XXXVI) en su proceso de discernimiento confirmó para toda la compañía, jesuitas y colaboradores apostólicos, el deseo de llevar adelante la misión de reconciliación y justicia sintiéndonos compañeros que, bajo la inspiración de la espiritualidad ignaciana, llevan adelante la tarea de trabajar por una vida plena y abundante para todos, especialmente quienes padecen las consecuencias de la injusticia y la violencia.

El JRS, a través del trabajo con las comunidades, ha tomado el pulso al modo como esta dinámica de reconciliación está presente en las comunidades que acompaña, de tal manera que ha aprendido de las mismas comunidades el qué, el por qué y el cómo de la reconciliación sabiendo que esta tiene diversas compresiones y dimensiones de acuerdo a los contextos nacionales y locales. Como producto de este caminar tenemos las distintas reflexiones y herramientas que inspiran y concretan las hojas de ruta en nuestro trabajo como JRS.

En este mismo sentido, queremos destacar del semestre anterior, el trabajo en cuanto a la toma de consciencia acerca de cómo, para llevar adelante el acompañamiento a las comunidades, nos sugiere una toma de consciencia de nuestras dinámicas personales y de equipo (reconciliación personal e intersubjetiva), es decir, implicarnos en la estrategia de reconciliación desde el autocuidado  donde no sólo se cualifica nuestro servicio con magis (mas, mejor, mayor) sino que procura nuestro bienestar como JRS. Esto implica que el “cuidado del cuidador”, el cuidado de cada uno de los equipos y sus miembros (cura personalis), sea una habilidad y capacidad instalada en nuestros equipos no sólo como herramientas visibles sino como hábitos de cuidado y discernimiento.

En cuanto a la dinámica personal, partimos desde el principio y fundamento (la fuente de vida) hacia la experiencia del perdón y sanación de las heridas, la capacidad para elegir desde la humildad, afrontar el fracaso y la capacidad de entrega en esperanza. Supuesto lo anterior, en el ámbito de equipo, el centro están las realidades a las que servimos, damos un análisis contemplativo, establecemos nuestro sueño y visión, diseñamos un plan discernido para llegar a la acción contemplativa que será examinada. Los dos componentes, el personal y el comunitario, constituyen el ADN del JRS, es, además, el punto de referencia para la construcción de los planes operativos anuales (POA) que incorporan el enfoque de reconciliación desde el discernimiento constante.

Estos aprendizajes a nivel regional nos sugieren como reto la apertura, diálogo y el compartir de buenas prácticas que se dan en los contextos de cada uno de los países que acompaña la oficina regional del JRS, a fin de promover y servir del mejor modo a la misión de reconciliación.



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