De mujeres, para mujeres
07 abril 2014

Taller de costura donde se imparten algunos cursos de formación a mujeres. Fotografía Gorka Ortega/SJRLAC.
Bogotá, 7 de abril de 2014. Amina se ve agotada, sus ojos dibujan un profundo sentimiento de resignación como secuela de su larga historia. Lleva 3 días retenida en el Centro de Detención Administrativa para Mujeres en Ciudad de Panamá. Ella es somalí, salió de Mogadiscio hace 3 meses, ha pasado por Dubái, Rusia, Cuba… De ahí en barco hasta el Darién, el lugar más húmedo del planeta; infranqueable selva sin apenas caminos transitables, frontera entre Panamá y Colombia, que engulló definitivamente los sueños y esperanzas de uno de sus compañeros de travesía. Tras su llegada muchos momentos de dificultad ha tenido que sobrellevar y eso fortalece su deseo de no quedarse en Panamá; la lengua y la cultura le son completamente ajenas. Su deseo mas profundo es llegar a Estados Unidos y trabajar duro para empezar a devolver a su familia los 10 años de ahorros que se invirtieron en “su viaje”. 

A apenas a una hora, en la ciudad franca de Colón, Ana María sobrevive en una habitación de 2.80 x 3.25 y 1.70 de alto con sus tres hijas, aquí comparten baño y ducha con otras 15 familias. Hace 3 años salieron huyendo de Colombia, dejando atrás su familia, su tierra y un mundo de recuerdos al cual no pueden regresar debido a las amenazas en su contra. Su empeño por evadir situaciones que pongan en riezgo su integridad y la de sus hijas en Colombia, las ha topado en su nueva realidad con violencia en su hogar donde el maltrado por parte de su compañero, el cual ha sido constante. Consiente de la situación añora empezar de nuevo en lugar sano y digno, no quiere que sus hijas crezcan allá, quiere ofrecerles un futuro lejos del hacinamiento, de las drogas y de la basura de meses que se acumula en las escaleras y patio del recinto. 

Doña Graciela también huyó de Colombia hace más de 10 años. Desde entonces, también sobrevive en la zona fronteriza colombo-venezolana. Si bien en el año 2003 le concedieron el estatuto de refugiada, la Administración extravió sus documentos poco después, lo que le impide acceder a los derechos que le otorga su reconocimiento como persona refugiada. Tiene 6 hijos. Los mayores están “repartidos” en casas de conocidos y familiares. Con los más pequeños vive en una habitación alquilada que no presenta las condiciones minimas para ser habitada. En todos los miembros de la familia se evidencia, en mayor o menor medida, cuadros de desnutrición, que afectan a su desarrollo físico y psicológico. Ellos se encuentran fuera del sistema de eduación, salud y alimentación del estado venezolano, lamentablemente al no poseer cédula venezolana, no pueden acceder al mercado formal de alimentos, regulado por el estado y en el mercado informal, los precios aumentan hasta un 100%. 

Tres historias que se entrelazan. Diferentes dimensiones ante una misma realidad: refugio ergo mujeres, refugio ergo pobreza, refugio ergo violencia contra las mujeres; refugio ergo violaciones indiscriminadas y sistemáticas de los Derechos Fundamentales. 

Amina, Ana María y Doña Graciela se suman a las más de 200 mujeres que los equipos del SJR en Venezuela, Panamá y Ecuador, estarán acompañando durante este año 2014 a través del programa regional “Fund for Women”. 

La apuesta de “Fund for Women”, que parte de un enfoque diferencial priorizando la protección, el empoderamiento y la promoción de mujeres y niñas, responde a una ecuación que se desprende de datos reales: El 80% de las personas desplazadas y refugiadas en el mundo son mujeres, niños y niñas, cuyos cuidados y educación recaen, en muchas ocasiones de manera exclusiva, en las mujeres -madres, abuelas, tías, tutoras…- 

Este será el tercer año consecutivo de implementación del programa “Fund for Women” en los países de la Región de Latinoamérica y el Caribe del SJR. No son “grandes” proyectos en términos económicos ni cuantitativos -número de personas que participan en los mismos-, pero su impacto en la vida y realidad de mujeres y niñas si lo es, se postula como directo y real: mujeres haitianas en Quito -Ecuador-, con menores a su cargo, que emprendieron micro emprendimientos en 2013 de producción y comercialización de mermeladas y que hoy son autónomas y pueden garantizar la cobertura de las necesidades básicas de sus familias; mujeres en El Darién, Panamá, que tras recibir capacitaciones sobre mejoras agrícolas durante el 2013, han puesto en marcha huertos comunitarios en los que han introducido la siembra de nuevos cultivos, que el mercado les veta por la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran, y que promocionan, no sólo cierta autonomía económica, sino que también redundan en una mejora en la salud y el bienestar de las familias. 

Durante este 2014, en el marco del proyecto en Panamá, el equipo del SJR orientará y asesorará legalmente a alrededor de 150 mujeres que, como Amina, están detenidas en el Centro de Detención Administrativa de Ciudad de Panamá. Esta orientación y asesoramiento estará entretejida por un acompañamiento cercano y personalizado; recibirán asistencia psicosocial y ayudas puntuales y específicas para la cobertura de sus primeras necesidades. De manera paralela, se realizan actividades de incidencia a distintos niveles para visibilizar la situación de estas mujeres. También en Panamá, se proporcionará becas de estudio a 10 mujeres que estarán matriculadas en la Universidad para el Trabajo; recibirán una educación que contribuirá a reducir su vulnerabilidad y aprenderán un oficio mediante el cual podrán generar un medio de vida digno. 

En Venezuela, se espera que 30 mujeres refugiadas fortalezcan sus capacidades socioeconómicas que impulsarán y favorecerán procesos de integración en las comunidades locales que les acogen. Para ello, participarán en capacitaciones sobre sus derechos y conocerán los mecanismos de exigibilidad mediante los cuales pueden acceder a los mismos. También se les apoyará, de manera individualizada, en el desarrollo de pequeños micro emprendimientos que les garantice cierta autonomía económica. 

En la urgencia, Ana María, en Panamá y Doña Graciela, en Venezuela, recibirán apoyo para la construcción de una vivienda digna en la que podrá vivir con sus hijas e hijos. Estas viviendas, además de proporcionarles condiciones de vida dignas, les permitirán asimismo afianzar redes de apoyo que les permitan integrarse localmente en las comunidades. De mujeres, para mujeres. No porque su condición de género encierre una vulnerabilidad superior a la de los hombres, sino porque el contexto y la cultura patriarcal dominante socialmente aceptada, les hace vulnerables. 

De mujeres para mujeres porque la experiencia del SJR en diferentes contextos confirma que los apoyos y ayudas a los que acceden las mujeres redundan en beneficios para sus familias. De mujeres, para mujeres porque los equipos del SJR no son más que canalizadores y facilitadores para que puedan acceder a lo que ellas mismas priorizan: autonomía social y económica para garantizar el bienestar, la educación y la seguridad de sus familias.


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