Ciudad del Vaticano: promover la solidaridad, la aceptación y los signos de fraternidad
28 enero 2014

Un miembro del equipo de apoyo de emergencia del JRS en Alepo organiza actividades de emergencia para las personas desplazadas en la comunidad. El equipo lo dirigen principalmente sirios desplazados que trabajan solidariamente por la paz (Servicio Jesuita a Refugiados).
La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada y gestionada de un modo nuevo, equitativo y eficaz, que exige en primer lugar una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad y compasión.
Ciudad del Vaticano, 28 de enero de 2014 – La realidad cotidiana de las migraciones en un mundo que se globaliza rápidamente plantea un desafío especial tanto a los líderes mundiales como a los ciudadanos, según el mensaje anual, Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor, hecho público por el Vaticano la semana pasada.

"Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser algo más", dijo el Santo Padre en el centenario del Día Mundial para los Emigrantes y Refugiados.

Peter Balleis SJ, director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, se congratuló del llamamiento del Papa para que se reconozca la humanidad de las personas desplazadas, especialmente en estos momentos en que las emergencias humanitarias en la República Centroafricana, Sudán del Sur y Siria están disparando las cifras.

Agentes de cambio. Según la agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el número de personas desplazadas por la fuerza en 2013 llegó a su máximo histórico en 18 años. Muchos de estos refugiados y desplazados internos no son ajenos a la violencia, la explotación o la marginación. Sin embargo, cuando empiezan a buscar protección, a menudo se convierten en fuertes agentes de cambio, que tratan de mejorar nuestro mundo compartido.

"¿Cuáles son los elementos para un mundo mejor? Creo que el primer elemento es la gente que tanto sufre en las guerras y que quiere la paz. Ellos son los agentes de la paz... los migrantes, en particular, también los refugiados... Todos ellos son un gran activo para la sociedad y la economía, porque quieren construir una vida, una familia, vivir en paz", dijo el P. Balleis.

El JRS ha sido testigo, una y otra vez, de la determinación de los refugiados de conseguir un desarrollo integral, de acceder a la educación y de devolver algo a sus nuevas comunidades.

"Nos centramos muy especialmente en la educación porque estamos convencidos de que... la educación de los refugiados es una clave para el futuro, para la esperanza".

Además de ofrecer educación preescolar, primaria, secundaria y de adultos a los estudiantes refugiados, las contrapartes del JRS, junto a Jesuit Commons: Educación Superior en los Márgenes (JC: HEM), ofrece, en la actualidad, educación superior online a refugiados en Afganistán, Jordania, Kenia, Malawi y Tailandia, y, en un futuro, en Birmania, Chad y Sri Lanka.

Aparte de brindar oportunidades educativas en lugares remotos donde las universidades están lejanas y son pocas,  JC:HEM ayuda a los refugiados a mejorar sus conocimientos de inglés y de informática, lo que les permitirá conectarse con el mundo exterior, rompiendo las barreras de una manera que antes era inconcebible para los refugiados, que apenas contaban con acceso a la tecnología.

"Si las personas aprenden un lenguaje común, entonces supongo que se conectarán más. Y como el deseo de los jóvenes en Afganistán y en lugares muy remotos es conectar con el resto del mundo, hemos comenzado en esa línea", continuó el P. Balleis.

Dejando atrás una cultura de usar y tirar. El Papa Francisco también insistió en la importancia de un desarrollo humano más allá de la economía para formar un mundo mejor.

"El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual; si no se abandona a nadie, comprendidos los pobres, los enfermos, los presos, los necesitados, los forasteros (cf. Mt 25,31-46); si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y de la acogida".

El P. Balleis elogió a las comunidades de todo el mundo que han aceptado este llamado al encuentro acogiendo a los desplazados, dando la bienvenida a sus contribuciones y promoviendo la integración de aquellos que luchan por comenzar de nuevo.

"El mundo es mejor si la gente aprende, lo que no siempre es fácil, a vivir junta comprendiendo la riqueza de las diferentes culturas".

Sin embargo, queda mucho por hacer si queremos que todos aquellos que buscan protección y justicia sean respetados y bienvenidos.

"La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada y gestionada de un modo nuevo, equitativo y eficaz, que exige en primer lugar una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad y compasión", dijo el Santo Padre.

Angela Wells, asistente de comunicación internacional del JRS






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