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México, D.F., 30 de julio de 2013. Más de 11 millones de Mexicanos no han tenido las condiciones de vida digna para sí y sus familias, se han visto en la necesidad de tomar la decisión de migrar en búsqueda de  fuentes de empleo que les permita tener la alimentación, salud, vivienda, seguridad,  educación digna, etc., que el Estado no brinda.

A partir de la década de los 90`s, la crisis económica, la caída del precio del petróleo y el tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) provocaron que cientos de Veracruzanos se vieran  en la necesidad de migrar, dejando sus familias y sus tierras, en busca de oportunidades laborales. 

Los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), difundidos el 29 de julio de 2012, refieren que el Estado de Veracruz tenía en el año 2008 un porcentaje de pobreza extrema de 16.0% y para el 2010 aumentó a 18.1 %. En el caso de la pobreza moderada, en el 2008 era del 35.3% y para el 2010 aumentó a 40.1%.

A principios del año 2000, Veracruz era uno de los Estados con un índice bajo en migración a Estados Unidos, ubicándose en el número 27. Para el 2010 ocupó el sexto lugar  entre los Estados con mayor índice de intensidad migratoria según reportó el Consejo Nacional de Población (CONAPO).

La nueva Penélope: las que se quedan

El fenómeno de la migración altera la dinámica de las familias, lleva a la mujer a asumir un nuevo rol para el cual no ha sido social ni emocionalmente preparada. Cuando las mujeres no migran se enfrentan al cambio de roles y relaciones de género tanto en las actividades domésticas como en las extra domésticas que desempeñan. Por ejemplo, la inserción al mercado laboral o en las labores del campo en donde tienen que abrirse camino ante una cultura de machismo. La migración ha representado para las mujeres que se quedan una recomposición y re-organización en sus hogares y sus vidas,  asumen la responsabilidad de dirigir el hogar y hacerse cargo de la educación y cuidado de los hijos, lo cual las lleva a organizar nuevos estilos de convivencia y orden familiar. Estos factores de riesgo desencadenan estados emocionales en las mujeres jefas de familia, que las ponen en una situación de vulnerabilidad que no es evidente a primera vista, pero les afecta a ellas y a todo el núcleo familiar: estrés, ansiedad, culpabilidad, rabia, falta de autoridad, sentimiento de vergüenza, frustración, rebeldía, depresión, duelo de la separación, abuso, inseguridad económica, celos, dependencia a los ansiolíticos, son algunos de los costos de migración que deja en las mujeres y sus familias.

Existen también consecuencias positivas del fenómeno migratorio para las mujeres, que pueden constituirse en fortalezas: 
  • el desarrollo de la independencia, 
  • la autosuficiencia de la mujer, 
  • empoderamiento del núcleo familiar y 
  • mayor libertad para el manejo de las responsabilidades familiares. 

Espacios de crecimiento y lazos sociales

De 2008 al 2012, el Servicio Jesuita a Migrantes México implementó el Programa Mujer y Familia Migrante (MyFM) en el sur de Veracruz cuyo objetivo es favorecer la salud emocional de las familias mexicanas que padecen la experiencia de la migración a través de la formación de Grupos de Autoayuda, fomentar la cultura del ahorro a partir de Bancos Comunitarios y el  impulso de Proyectos Productivos.

Los Grupos de Autoayuda (GDA) son un espacio social que propicia compartir emociones y sentimientos, intercambiar experiencias y brindar apoyo mutuo. Un GDA es especialmente útil para quienes se encuentran pasando por un periodo de transición como la migración de un ser querido, y para quienes requieren asimilar los cambios que la ausencia ocasiona. Los GDAs permiten a las participantes  reconocer en las otras mujeres aspectos de su propia situación así como alternativas y estrategias que les pueden ser útiles para su salud emocional.

El Banco Comunitario (BC) es una herramienta cercana a las necesidades inmediatas de las personas, permite a las y los familiares de migrantes contar con un mecanismo para mejorar la administración de las remesas que reciben y enfrentar las dificultades económicas que van surgiendo a lo largo del camino, por medio de un ahorro grupal.  

Los Proyectos Productivos se enlazan con los Grupos de Autoayuda y los Bancos Comunitarios de la siguiente manera: una vez que se forma el grupo e inicia con procesos de GDA se construyen lazos de confianza y solidaridad, se desarrollan habilidades de trabajo en equipo y se manejan los conflictos de manera  asertiva. Los Bancos Comunitarios y Proyectos Productivos apoyan la economía del hogar y funcionan como terapias ocupacionales que ayudan al aspecto emocional. 

Durante los cuatro años de programa, se benefició aproximadamente 6,000 personas de manera directa e indirectamente en 8 comunidades de origen.



Por Jaqueline García Salamanca,  Servicio Jesuita a Migrantes-México.

Descarga el informe aquí.

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