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Bogotá, 17 noviembre 2017- Dando inicio al evento de aniversario No. 22 del Servicio Jesuita a Refugiados en Colombia, el P. Mauricio García Durán S.J., Director Nacional, recuerda la esencia del SJR a nivel internacional y la inspiración del P. Pedro Arrupe en acompañar, servir y defender a los migrantes y las personas en situación de desplazamiento forzado.

Acompañar, servir y defender 

Para el SJR Colombia ha sido muy valioso poder acompañar a Martha Mora en su caminar, ya que ella encarna de alguna manera especial los esfuerzos que queremos hacer de caminos solidarios con aquellos y aquellas que se han obligado a desplazarse forzosamente, llevando muchas veces como único equipaje las heridas que los actores violentos han infringido”,  finalizando su intervención sobre el valioso acompañamiento del SJR Colombia a Martha Mora en el marco del lanzamiento del libro “El cáliz de mi sangre”.

Poesía para la Reconciliación nacional

Por su parte, Ana Mercedes Vivas, poeta y amiga de Martha Mora habló del libro “El cáliz de mi sangre”, destacando este trabajo literario en agradecimiento por todas las mujeres poetas colombianas. Se refiere al trabajo de Martha Mora como una voz de las mujeres que contribuye a la historia nacional y a la reconciliación nacional en el país. Finalmente, entrándose en el mundo poético lee un fragmento del poema “El verso del jardinero” resaltando el inicio y gran trabajo realizado por la autora.

El cáliz de mi sangre

“El cáliz de mi sangre” fue presentado ante un público que estuvo expectante y dispuesto a escuchar el proceso de reconciliación que ha vivido Martha Mora desde el arte y la literatura expresando desde su dolor el proceso sanación en el interior de su alma.  Ella cuenta su historia como víctima del conflicto armado por un hecho violento a causa del paramilitarismo en el país, dejando como huella el dolor por la muerte de su esposo en el año 2000. 

Martha Mora, habla desde la esperanza y la sonrisa ayudando a más mujeres en Cúcuta y en Norte de Santander a caminar juntas para superar las heridas que les ha causa el conflicto armado en Colombia. Así mismo recuerda lo ocurrido en el proceso judicial contra el victimario en una de las audiencias en las que el llanto y las historias de muchas mujeres que pasaron por ese mismo sufrimiento tocaron su interior, decidiendo desde ese día acompañar “hace 15 años” a estas personas que habían pasado por una situación similar. Así describe ese momento vivido “sintiendo el dolor de la otra persona”.

Ahora bien en sus versos su propia historia:

Poema – Desplazado (página 29)

Me enlistaron como soldado sin preguntar

para luchar en esta guerra de mentiras,

no me dotaron de camuflado ni metrallas

no me dieron granadas ni medallas.

Hoy me llaman el desplazado

título que adquirí sin haber estudiado;

pero aprendí a leer el asco en las miradas

a dormir en butaca

y a no preguntar burradas.

Esta no es,

ni mi gente, ni mi patria,

o no es la patria que yo conocía.


Claro...

el problema no es la patria,

es el cuanto tienes,

cuanta tierra, cuantas vacas.

Mis manos también extrañan a las vacas,

el chinchorro de la entrada;

el cafecito en leña conocida,

que podía saborear con dos hayacas.

claro... eso es lo que pasa.



Poema - Perdón y arrepentimiento (página 50)

Decidida a capotear el miedo llegué a la sala,

para escuchar al postulado aunque mi nombre no aparecía en la lista,

mi odio se sentó en la primera fila para detallar,

al monstruo de mis pesadillas que por fin tenía en frente,

y en un impulso de valor y soberbia

indagué a su conciencia, hasta obtener una mediocre verdad

confesada ante el jurisperito.

Un frío estremecía mi cuerpo mientras escuchaba

aquella polisílaba excusa adornada de sutil diplomacia,

pero sin previo aviso,

aquel caballero negro me abraza y pronuncia aquellas mágicas palabras:

“Yo no tengo paz, perdóneme señora”.

Escuche de su boca la voz del silencio que se ahogaba en un llanto de físico

arrepentimiento,

y entonces, también lloré.

Levanté mis brazos por debajo de los suyos

y un abrazo nos hizo uno.

Mi odio desapareció con el toque mágico del perdón,

y lloramos, y temblé,

no de miedo sino de sublime comprensión,

y pude saborear gracias a DIOS, el néctar dulce del perdón.

Aquel era el espacio y el momento

para conocer la paz que se gana con pulso y tiempo,

a partir del perdón y el arrepentimiento.


Por: comunicaciones SJR Colombia




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