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Elías López SJ durante un taller sobre reconciliación. Fotografía de Gorka Ortega/SJRLAC.
Bogotá, 17 de abril de 2013. Este mes de marzo recibimos la visita de Elías López SJ, consultor del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en el ámbito de la reconciliación. Una de las tareas que traía consigo era la de introducir al equipo de la oficina regional del SJR LAC en este complejo pero apasionante tema. 

Tras unos días en Bogotá, viajó hacia la frontera con Venezuela para realizar en Ureña un taller con el equipo del SJR Venezuela, sobre el que nuestra compañera Ximena escribió un artículo ya publicado (enlace al artículo). 

Antes de su marcha pudimos conversar con él y realizarle una pequeña entrevista con el fin de que nos aclarara en mayor profundidad el reto que se le presenta al SJR de cara al futuro en torno al tema de la reconciliación.

¿Cuál ha sido su trayectoria hasta la fecha?

Llevo aproximadamente 15 años trabajando con el SJR en distintos contextos; primero, trabajé en Tanzania en dos proyectos: una radio comunitaria con refugiados que provenían del genocidio de Ruanda en el año 94. Y en trabajo pastoral en cinco campos distintos con aproximadamente 250 mil refugiados burundeses de la guerra del 93.

Actualmente estoy trabajando para el SJR como consultor externo en el ámbito de la reconciliación; para lo cual me he preparado en estos últimos años en temas de políticas de paz y en teología de la reconciliación.

¿Qué es la reconciliación?

El termino reconciliación significa etimológicamente volver a llamar juntos. Llamar a que las partes en conflicto vuelvan a estar juntas. Es decir, la reconciliación es la sanación de las divisiones que existen en la sociedad por distintas razones: por diferencias étnicas, sociales, económicas, políticas, de credo. Cuando estas diferencias no se abordan de forma pacífica sino violenta, se produce una llamada a la reconciliación, a volver a sanar las relaciones sociales. 

En las heridas tanto sociales como personales, es donde la Compañía de Jesús encuentra una llamada; ahí es donde están las fronteras que dividen a las personas, que nos dividen internamente y que nos dividen también socialmente. Ahí la Compañía nos llama a establecer puentes de reconciliación entre las partes divididas.

Así explicado, parece una tarea bien sencilla…

No, no es tarea fácil para el SJR, dado que trabajamos en zonas de conflicto armado, trabajamos con refugiados y desplazados internos. No es una tarea fácil porque estamos hablando de reconciliar a personas que han sufrido traumas extremos, es decir, traumas que no son debidos a accidentes por causas naturales (inundaciones, volcanes) o a accidentes de tráfico. Se trata de otro tipo de heridas. 

El trauma extremo es un concepto acuñado para expresar ese trauma que causa una persona intencionalmente a otra. Es un trauma mucho más profundo a nivel psicológico y social el que hay que sanar. Está causado por lo que se llaman severas violaciones de los derechos humanos, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidios, el uso masivo de violaciones de mujeres como arma de guerra.

De eso hablamos cuando hablamos de reconciliación. Es todo un reto para la Compañía de Jesús y el SJR, y para cualquier organización o persona.

¿Desde dónde puede aportar el SJR en esta tarea?

El SJR tiene un capital enorme en su tradición educativa y es en la educación donde creemos que podemos hacer un aporte a la reconciliación. Trabajar desde la siguiente generación, desde el futuro, desde los jóvenes y los niños; creemos que ahí existe un enorme potencial para movilizar a los padres. Los hijos movilizan a los padres para el trabajo por la reconciliación. Ellos son los que ayudan a los padres a encontrarse, si hace falta, con el enemigo para intentar dar un futuro distinto a sus hijos. Los padres no quieren que el círculo de la violencia siga adelante en la siguiente generación. 

En los hijos y en la educación hay un potencial que tenemos que trabajar.

¿Podría comentarnos alguna situación que haya vivido que lo ilustre?

En Palestina, cuando le hacía la pregunta a una refugiada de si era capaz de reconciliarse con los israelíes, ella me dijo: “De ningún modo, no soy capaz de hacerlo, no me lo pida. A un hermano mío lo mataron, mis otros hermanos tienen heridas de bala en las piernas; mi madre tiene un brazo paralizado por un golpe que un soldado israelí le dio con su fusil. Yo he sufrido mucho: no me pida, padre, que perdone. Pero lo que si voy a hacer es no pasar el odio que yo siento a mis hijos para ver si ellos un día pueden reconciliarse con el enemigo”.

Esto mismo me lo han repetido en otros contextos, en Tanzania, en Burundi, en Colombia. Si los padres tienen el deseo de darles un futuro distinto a sus hijos, encuentran motivación para trabajar en el presente por ese futuro.

Háblenos de la importancia del perdón.

¿Es posible perdonar lo imperdonable? ¿Es posible perdonar tanta atrocidad? Esas son preguntas que nos planteamos una y otra vez. Desde la tradición cristiana no podemos entender el reconocimiento sin adentrarnos en la experiencia del perdón. Es una experiencia cristiana, pero también es una  experiencia humana. El aporte que las religiones pueden ofrecer a la reconstrucción de la paz es precisamente la tradición del valor del perdón.

Perdón etimológicamente significa dar en exceso; va más allá de la justicia. Juan Pablo II dice que no hay paz sin justicia, pero al mismo tiempo no hay justicia sin perdón. 

El perdón hay que entenderlo dentro del proceso de justicia transicional, que articula verdad con responsabilidad penal, con reparación, con reconciliación. Las sociedades que quieren pasar la página de situaciones violentas, de regímenes absolutistas a situaciones democráticas, a situaciones pacificas para la sociedad. En esa transición entra el perdón. 

El SJR desde su tradición cristiana quiere ofrecer la experiencia del perdón, aprenderla y construirla en proceso junto a las víctimas y los victimarios de los conflictos.

¿Cómo se entiende la reconciliación en Colombia?

Tenemos dos fronteras que abordar desde la perspectiva de reconciliación en Colombia. Francisco de Roux, Provincial de los Jesuitas de Colombia, invita al SJR a adentrarnos en esas dos fronteras. 

Él nos dice: “Hay mucho sufrimiento callado, silenciado en las veredas; hay que ir allá donde nadie llega y escuchar a las víctimas que viven con su silencio, con sus traumas, con su dolor.” 

La otra frontera que nos plantea es con los victimarios, ¿quién escucha al victimario en las cárceles? Por tanto, la segunda frontera son las cárceles; hay que ir a llevar la reconciliación a los victimarios que también tienen una herida interna. La herida de la violencia que han causado es una herida que también nos sentimos llamados a sanar.

En la tradición cristiana es muy importante, no solamente amar al amigo sino también amar al enemigo.
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