Bogotá, Colombia.- 10 de agosto de 2017.- Mi nombre es Julio Villavicencio, soy jesuita hace 12 de la Provincia Argentina. Actualmente estoy estudiando teología y una maestría en Filosofía en Bogotá, Colombia. Desde que llegué a Colombia comencé mi apostolado en el Servicio Jesuita a Refugiados de América Latina y el Caribe (SJR-LAC), que tiene su sede en esta ciudad. 

Colombia ha vivido una guerra interna durante los últimos 53 años que ha dejado una gran herida en el tejido social y aproximadamente 8 millones de víctimas que han padecido: desplazamiento forzado, homicidio, mutilaciones por minas, secuestro, tortura, reclutamiento de menores, despojo de tierras, agresión sexual, amenazas, atentados, desaparición forzada y robo de bienes, entre otros. 

Ante este panorama y frente a los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias Ejercito del Pueblo (FARC EP), la Compañía de Jesús a través del SJR, ha visto la necesidad urgente de comenzar una línea de trabajo en Reconciliación tanto con las comunidades que acompaña y los equipos como con los miembros de las FARC-EP que están en las zonas veredales.

Y ha sido en este último punto que he venido trabajando y es sobre esta experiencia que me gustaría compartir con ustedes ya que ha sido desafiante tanto a nivel personal, espiritual y académico para mi. 

Esta misión ha sido conformada por el CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular) de la Compañía de Jesús, la Escuela de Administración Pública del Estado colombiano y el SJR con el fin de desarrollar en las zonas la temática de Democracia y Ciudadanía, con un enfoque en Reconciliación. La metodología ha sido a manera de taller con una pedagogía popular muy fuerte, donde se van visitando los campamentos de la guerrilla y se trabaja durante tres días en cada uno. 

En relación a la Reconciliación, se ha trabajado desde la transformación de las relaciones con el objetivo de elaborar relaciones justas y así construir un panorama que en una primera instancia sea de tolerancia y capaz de convivir en las diferencias sin necesidad de apelar a la violencia armada. En ese sentido, se ha apostado a una construcción de la paz desde procesos de transformación que van atravesando los niveles personales, interpersonales, grupales, socio-políticos, espirituales yde la relación con la Creación.

Como jesuita el poder desplegar una de las misiones que Ignacio deseo para nosotros, como es la “reconciliación de los desavenidos”, me ha hecho sentir muy fuerte la misión de la Compañía, el compromiso de los compañeros jesuitas y de los miembros del SJR en esta labor, el valor de creer en el Reino de Dios más que nunca donde ha habido tanto dolor y odio. El poder del Evangelio trabajado desde categorías políticas y sociales como son ciudadanía, democracia y reconciliación. 

Julio Villavicencio S.J
SJR LAC

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