Panamá: Julián, un joven refugiado colombiano que ya vive sin miedo y con esperanza
13 noviembre 2013

Muchos hijos e hijas de refugiados colombianos participan en un grupo de teatro, organizado por el SJR en Panamá. Foto: SJR Panamá.
Yo quiero tener una vida feliz donde haya paz y armonía. Entonces a mi familia y a mí nos tocó irnos por la frontera y atravesar la selva para llegar a Panamá, así empezó la sobrevivencia subiendo el Páramo.
Ciudad de Panamá, 12 de noviembre de 2013. “Hoy, puedo decir que vivo en un sitio de paz en la Ciudad de Panamá: nos faltan muchas cosas, pero no tengo miedo. Voy a la escuela, pertenezco a un grupo de teatro, mi papá y mi mamá tienen trabajo. Somos refugiados. Mi mamá ahora está contenta, tiene la esperanza que, con una nueva ley que hay en este país, nos den residencia permanente. Tengo amigos en la escuela y en el barrio dónde vivo.”  

Así concluye su historia Julián, un refugiado colombiano de 14 años, después de contar al SJR Panamá el relato de su periplo, de la frontera colombo-panameña a la Ciudad de Panamá, junto con su familia. Si bien este final feliz no es el de todos los refugiados, sin embargo, nos muestra que cruzar la frontera es la única posibilidad para que muchas personas perseguidas puedan salvar sus vidas, que el refugio y la protección de otros países siguen siendo una necesidad para ellas, y que la presencia de organizaciones como el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) les permiten volver a soñar, principalmente a niñas, niños y jóvenes, y a contar, cantar y expresar sus sueños a través del teatro.  

"Yo quiero tener una vida feliz donde haya paz y armonía"

¡Hola! Te voy a contar mi historia que comienza en un lugar llamado Acandí, era un pueblo cerca de la frontera con Panamá. Yo vivía en una finca donde tenía muchas cosas: vacas, caballos y un perro muy juguetón.

Un día llegaron unos hombres de verde, ¡bueno!... vestidos de verde. Eran muchos hombres que tenían armas y buscaban guerra. Dijeron que nos fuéramos de aquella finca porque la querían para un plan donde iba a haber guerra con el Ejército.

Nos tocó salir de aquella finca que era divertida, porque ellos, así lo dijeron.  Y allí hay que cumplir; si uno no cumple, le toca la muerte.

Nos dijeron que la única salvación es la frontera, porque si nos íbamos por el mar nos mataban.

Yo quiero tener una vida feliz donde haya paz y armonía. Entonces a mi familia y a mí nos tocó irnos por la frontera y atravesar la selva para llegar a Panamá, así empezó la sobrevivencia subiendo el Páramo.

En el camino, a mi papá y a mi mamá les picaron unos abejorros y les dio fiebre, así que nos detuvimos y esa noche dormimos en el suelo frío y terroso, donde podíamos tener muchas enfermedades. Como a media noche,  se nos apagó la fogata que había, entonces aparece una pantera muy grande que nos quería comer cuando mi mamá prende el fuego y espanta a la pantera. Esa noche, no dormí, mis hermanos tampoco. Teníamos miedo, pero amaneció y seguimos nuestro camino a Panamá.



Testimonio escrito por Julián y recogido por el Servicio Jesuita a Refugiados-Panamá
* Se ha cambiado el nombre por motivo de seguridad.


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