El voluntariado con comunidades desplazadas afrocolombianas e indígenas: una experiencia que transforma
09 julio 2013

Voluntarias del programa. Fotografía equipo SJR Colombia.
"... la enseñanza que me deja es que no somos indispensables, pero que siempre es posible dejar una huella".
Buenaventura (Colombia), 9 de julio de 2013. No es un secreto que la experiencia de vivir en Buenaventura tiene diversos matices, diferentes etapas. 

Comenzó con  17 horas de viaje y el equipaje perdido. Inicialmente fue muy difícil llegar a un lugar donde las condiciones básicas escasean unido a la sensación de estar lejos de los seres queridos, a quienes no veremos con frecuencia. Con el tiempo fui aprendiendo sobre interdisciplinariedad, sobre convivencia y lo más importante sobre un conflicto que antes era ajeno; ese mismo conflicto silencioso,  me hacía pensar que con mis actos podía soñar con un mundo mejor, con oportunidades para amar, sentir, aprender, enseñar, entender y por supuesto vivir.

Esta experiencia  ha transformado mi forma de ver el mundo, pues muchos pensamientos estaban presentes antes de mi llegada a Buenaventura; puedo decir que conocía a una sociedad que supuestamente estaba dominada por la ¡Racionalidad! Pero descubrí que en realidad no es una racionalidad pura, sino una pseudo-racionalidad, aquella racionalidad económica que confunde el tiempo con el reloj, y el precio con el valor.

Durante mi estadía en este bello lugar de Colombia, me cuestioné, conocí, entendí, comprendí, concluí: "Me inquietaban los procesos llevados a cabo en el lugar, sin embargo, tuve la fortuna de abrir mi mente a nuevos puntos de vista que me hicieron crecer: las culturas afrocolombianas e indígenas. Emergió entonces la pregunta por aquello que pudiera generar una acción constructiva."

Concluí también  que  el asunto no está solamente en hacer o no, sino en pensar cómo fue que llegué a tal o cual circunstancia, quien encuentra la respuesta  a un por qué, casi siempre encontrará la de un cómo... Quién sabe por qué vivir, encontrará un Cómo vivir... Concluí que desconocía cosas de mí que salieron a flote surgieron cuando me enfrente a escenarios distintos.

Conocí lugares del Valle del Cauca como el Cairo, las cuencas de Mayorquin, Naya, Calima, San Juan y diferentes barrios de Buenaventura, solo por nombrar algunos. Fue en estos parajes donde los habitantes me hicieron parte de su cultura, me permitieron comprender y ser consciente de las cosas que allí  pasaban, a través de la construcción de historias desde sus propias voces.  

Del mismo modo, me crucé con personas maravillosas que por cuestión del azar o por esas cosas extraordinarias de la vida, posiblemente ya trazadas, estaban en el camino, y empezamos a hacer camino.

Entendí que en esta labor no hay normas, pero es triste que se mueva más la reacción que la motivación, el deber que la convicción. Comprendí que no se busca herir sino acariciar aquellas heridas para ver qué tan curadas están, a veces están cerradas pero no sanas, en otras están ocultas, invisibles a los ojos. Tenemos entonces la difícil, pero gratificante tarea de direccionar las potencialidades de las personas que acompañamos, en la medida de nuestras posibilidades; recordando que  no se trata de un acto heroico, ni de protagonismo, sino de un gesto de solidaridad, servicio, inteligencia, creatividad y del amor como fuerza. 

Organizando mis cosas, encontré un vídeo, el cual muestra algunos trabajos que ha hecho el SJR en el Valle del Cauca, su título es inspirador "Memorias para los que aún creen", la enseñanza que me deja es que no somos indispensables, pero que siempre es posible dejar una huella. Las palabras y el recuerdo se fundirán en la noche, lo que recuerdes al despertar y lo apliques, será la esencia de lo aprendido, tus propias sandalias.  


Por Johanna Guillen Ortiz, Asesora Voluntaria (Junio 2012- Junio 2013) del Equipo Valle del Cauca SJR-Colombia


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