"Huí con mis hijas porque me amenazaron"
04 julio 2013

Fotografía de Fe y Alegría Venezuela.
"... sólo pude traerme un poco de ropa y mis dos hijas, porque primero está la vida y después lo material"
Julia, nombre ficticio de una joven madre que cruzó el límite fronterizo entre Venezuela y Colombia, se considera una persona afortunada porque, junto a sus dos niñas más pequeñas,  todavía sigue con vida.

Una noche recogió un  poco de ropa y tomó en sus brazos a sus hijas menores porque le avisaron que un grupo armado iría hasta su casa para asesinarla junto a su familia.

Atrás dejó el murmullo del mar de la costa Caribeña y en su camino hacia otro país  pensaba que también se desvanecía la furia de aquellas amenazas que la obligaron a salir de su tierra.

"Yo vivía con mis hijos allá en las cotas de la Guajira y salí con mis hijas más pequeñas,  los otros tres más grandes quedaron allá con unos familiares, sólo pude traerme un poco de ropa y mis dos hijas, porque primero está la vida y después lo material".

Julia relata en tono pausado que empezar una nueva vida en un país donde no se conoce a nadie es difícil pero es más complicado aún  dormir a la intemperie y dedicarse a un oficio arriesgado: "Me tocó empezar de cero, yo no conocía a nadie aquí, trabajé vendiendo cerveza y cuando uno no está acostumbrado a eso no es fácil, dormía a la intemperie pero gracias Dios ya superé eso". 

Hoy, Julia, vende empanadas y arepas asadas en las puertas de un hospital público de Maracaibo, le resulta complicado porque los funcionarios de seguridad del centro de salud no se lo permiten, pero ella se las ingenia para ofrecer sus desayunos. Con el dinero que gana, le alcanza para pagar el alquiler de la habitación donde vive con sus hijas.

Añora volver a ver a sus hijos mayores y a su papá. Con lágrimas en sus ojos Julia dice que le entristece saber que sus otros hijos estén pasando por necesidades y hayan tenido que dejar sus estudios para trabajar. "Extraño a mis otros hijos, a mi familia. Cuando estaban conmigo ellos no trabajaban pero ahora sí. Extraño a mi papá y las costumbres de mi tierra. Quiero ser más libre como lo era en mi país porque en un país ajeno uno no consigue un trabajo bien si no tiene un documento".

Al igual que cientos de mujeres que cruzan la frontera por temor a perder sus vidas, Julia  añora la libertad con la que se desenvolvía en su país de origen: "Traté de estudiar en las misiones por medio del documento provisional  de refugiada que me dieron pero no me fue posible, la directiva del plantel dijo que no, que uno como refugiada no podía estudiar aquí y me sentí maltratada".


Por Glenyis Sencial


Puedes escuchar este testimonio a través de Radio Fe y Alegria de Venezuela

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