Es muy estresante vivir bajo las tiendas
30 septiembre 2011

Las mujeres haitianas constantemente encuentran en mayor situación de vulnerabilidad, Puerto Príncipe, Haití (Minerva Vitti/SJR)
Tenemos confianza en que el SJR nunca nos abandonará, como lo han hecho varias organizaciones internacionales desde que el propietario del campo ha empezado a amenazar con expulsarnos de su terreno y a desalojarnos de acá de manera violenta.
Puerto Príncipe, 30 septiembre 2011 Antes del terremoto, vivía en Carrefour (periferia de Puerto Príncipe). Pero el 13 de enero de 2010, un día después del terremoto, como muchas otras personas que lo perdieron todo a raíz de la tragedia, tuve que venir a instalarme aquí en el campo.

Pienso que la situación no es la peor aquí en este campo. Por supuesto que las condiciones en las cuales vivimos no son buenas: vivimos bajo tiendas de campaña y no tenemos acceso a servicios de base tales como la salud, el agua potable... Cuando llueve, las tiendas se inundan porque ya están rotas, y a veces tenemos que sentarnos sobre las sillas durante toda una noche para esperar hasta que cese la lluvia.

A veces el día después de la lluvia, amanece haciendo mucho calor. Y el calor nos provoca dolores de cabeza y enfermedades en los ojos. Es muy estresante vivir bajo las tiendas. Estamos expuestos a la lluvia, al sol, al polvo y a todo. Y en el campo sufrimos del hambre y de problemas de salud.

Desde el mes de octubre del año pasado, estamos preocupados por la epidemia de cólera en el campamento. Soy enfermera y trabajo con la Cruz Roja haciendo trabajos de prevención. La gente aquí en el campamento tiene muchos problemas de salud, y no tiene acceso a servicios de salud; ni siquiera existen servicios de primeros auxilios aquí en el campo.

El SJR nos ayuda y apoya. Cuando necesitamos algo en el campo, lo llamamos y podemos contar con él. El SJR ha estado haciendo un gran trabajo aquí en Automeca desde el 12 de enero de 2010, y es la única organización que realiza este tipo de trabajo en el campo y estoy muy contento por ello.

Por ejemplo, construyeron un pequeño espacio para la oración en el campo. Las hermanas religiosas delegadas por el SJR vienen allí a acompañarnos y a hablar con nosotros; ellas invitan constantemente a las y los jóvenes a participar en las reuniones con ellas. Cada viernes, charlan con los grupos de mujeres y les dan consejos. La hermana Clemencia nos acompaña, y el promotor social Robenson nos visita de vez en cuando. Sólo el SJR viene a visitarnos. Ningún representante del Estado ha venido acá a vernos o a preguntarnos cómo estamos y cómo hacemos para vivir.

Cuando tenemos un problema en el campo, llamamos al SJR porque no hay ninguna otra institución, sea gubernamental o no gubernamental, que se presta para ayudarnos. Y hemos tenido muchos problemas en Automeca: con las intemperies y los huracanes, con la epidemia de cólera, con el propietario que ha querido expulsarnos a todos de sus terrenos.

El que el SJR haya estado acompañándonos desde el terremoto me ha ayudado mucho porque estar solos y no poder contar con nadie en el campo nos llena de frustraciones. Pero hasta ahora hemos tenido al SJR, y nos sentimos acompañados. Tenemos confianza en que el SJR nunca nos abandonará, como lo han hecho varias organizaciones internacionales desde que el propietario del campo ha empezado a amenazar con expulsarnos de su terreno y a desalojarnos de acá de manera violenta.

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